Obituario Tony Hoare
El 5 de marzo de 2026, a la edad de 92 años, nos dejó este gran científico de las Ciencias de la Computación. Sir Anthony Richard Hoare —conocido en el mundo de la informática como Tony Hoare— fue nombrado Sir por la reina Isabel II en el año 2000 en reconocimiento a sus servicios a la educación y a la ciencia, distinción que comparte con muy pocos investigadores británicos, entre ellos Isaac Newton. Eso puede dar una idea de la talla de la persona a la que dedicamos este recuerdo.
También recibió el Premio Turing en 1980, el máximo galardón que un informático puede obtener, considerado en nuestro ámbito como el equivalente al Premio Nobel. En la mención del premio se indicaba que “su trabajo se caracteriza por una combinación inusual de profundidad, originalidad, elegancia e impacto”. Y es que Hoare puede ser considerado con toda justicia el padre de la programación científicamente fundada, partiendo de una situación inicial en la que esta parecía más un arte, un oficio artesanal o, en sus propias palabras, “una brujería”, que una ciencia.
Un artículo suyo de 1969, citado después infinitas veces —An axiomatic basis for computer programming—, podría considerarse como el equivalente a las Leyes de Newton de la programación: por primera vez se enunciaban unas leyes lógicas que permitían comprender el significado de los programas de forma independiente de las máquinas que los ejecutan.
Colaboró en el diseño de lenguajes de programación como Algol-W y Pascal, que fueron la vanguardia del movimiento conocido como “programación estructurada”, el cual se oponía a muchas construcciones sujetas a error presentes en los lenguajes de la época, como eran PL/I y Algol-68. Sentó las bases de la verificación formal de programas utilizando la lógica, tarea que hoy puede llevarse a cabo más fácilmente con la ayuda de herramientas automáticas. Pero también fue pionero en el diseño de programas concurrentes y paralelos, proponiendo construcciones para la sincronización y comunicación de los procesos que hoy están presentes en la mayoría de este tipo de lenguajes.
Trabajó en las universidades de Belfast y Oxford y, en esta última, dirigió durante décadas el prestigioso Programming Research Group. Al jubilarse, decidió seguir investigando como senior en el centro de investigación de Microsoft en Cambridge, donde permaneció hasta su fallecimiento. En esos últimos años, continuó haciendo contribuciones importantes al área de la computación, tales como sus propuestas de un Compilador Verificador y de una Teoría Unificada de la Programación. La primera puede hoy considerarse cumplida, ya que existen diversas herramientas de libre acceso que permiten a los programadores crear programas y verificarlos al mismo tiempo, con lo que serían correctos por construcción.
Para muchos estudiantes de informática, Hoare es tan solo el padre de Quicksort —el algoritmo de ordenación más eficiente conocido, en coste promedio—, aunque esta fue tan solo una pequeña parte de sus aportaciones. Lo diseñó en 1960 y fue un elegante ejemplo del uso de la recursión que, en esa época, todavía no formaba parte de los lenguajes.
Los complutenses tuvimos ocasión de conocerle en persona en 2012 con motivo de su investidura como Doctor Honoris Causa por nuestra universidad. Recibí el inmenso privilegio de que la Facultad de Informática me nombrara su padrino y de leer su laudatio. En ella tuve ocasión de darle las gracias públicamente por sus “magníficas e inspiradoras contribuciones a la ciencia de la programación”. Descanse en paz.
Ricardo Peña, Catedrático Emérito de Lenguajes y Sistemas Informáticos de la Facultad de Informática de la UCM